The Velvet Underground

Su aventura duró menos de cinco años, produjo sólo cuatro álbumes “oficiales”, comercialmente desafortunados, su actividad concertística estuvo prácticamente circunscrita a la zona de Nueva York, con continuos cambios en la formación; en suma, todos los ingredientes para hablar de un experimento fracasado. Sin embargo, The Velvet Underground, tras el vergonzoso desvanecimiento de lo que quedaba del grupo original en 1970, se revelaron con el tiempo como una de las bandas más importantes de la historia del rock. Los textos oscuros y perversos, su sonido crudo e innovador quedarían como herencia para la escena neoyorquina: ese espíritu anticonvencional y anarquista continuaría errando en el Mercer Arts Center, en el Max’s Kansas City, en el CBGB’s, de los que en los años setenta surgirían The New York Dolls, Patti Smith, Wayne County, Television, Ramones, y Talking Heads entre otros, extendiéndose a través de Estados Unidos y al otro lado del océano. Su influencia marcó el nacimiento de formaciones tan distintas entre sí como The Modern Lovers y Roxy Music, y estimuló a buena parte de la new wave británica a caballo entre los años setenta y ochenta. En 1987 aún podían detectarse las lecciones de The Velvet Underground en trabajos de artistas de la nueva generación, como la americana Suzanne Vega o los australianos Crime & The City Solution, mientras que Nick Cave ha escogido temas de la Velvet, junto a material de John Lee Hooker y Johnny Cash, para su selección de “versiones” ‘Kicking against the pricks’. El encuentro, en 1964 en Nueva York, de dos fuertes personalidades de muy distinta preparación y gustos musicales, Lou Reed y John Cale, dio origen a The Velvet Underground.

Louis Alan Reed, nacido en Long Island (Nueva York), en 1942, en el seno de una acomodada familia hebrea, tras cinco años de lecciones de piano clásico, sintió, siendo aún muy joven, la llamada del rock’n’roll. Había tocado en varios grupos estudiantiles: con el primero, Jades, grabó el single ‘Leave her for me’ (1957), a los quince años, e, inmediatamente después, con Shades, grabó ‘So blue’ para la compañía Time (recaudando unos 78 centavos en royalties). En el mismo período Reed presentaba un programa radiofónico sobre jazz llamado “Excursión on a wobbly rail’, título derivado de un tema del pianista Cecil Taylor. El joven Reed estaba enamorado del free-jazz y no se perdía ni un concierto de su ídolo Ornette Coleman. Tras la etapa escolar se matriculó en la Universidad de Syracuse, donde conoció a Sterling Morrison, estudiante de trompeta clásica que se había pasado al rock’n’roll, creando varias formaciones de rhythm and blues; otras amistades de la época fueron el poeta Delmore Schwartz (a quien años más tarde le dedicó un tema The Velvet Underground, ‘European son’) y Garland Jeffreys. Lou Reed se licenció tras haber seguido cursos de periodismo y de arte dramático, contratado en calidad de compositor por Pickwick, compañía discográfica especializada en la producción de canciones para adolescentes; mientras tanto escribía poesía, algunas de las cuales fueron publicadas por la revista “Fusión”.

Para grabar su demencial tema ‘The ostrich’, Reed convocó a Sterling Morrison y John Cale, que trajo consigo al percusionista escocés Angus MacLise; el single, firmado por The Primitives, sólo obtuvo un comentario en Vogue. John Cale, nacido en 1940, hijo de un minero gales, había estudiado música clásica en Londres, frecuentando exponentes de la vanguardia como Cornelius Cardew. Expulsado del colegio por su extremismo musical, obtuvo, gracias al interés de Aaron Copland, una beca de estudios para un curso de composición moderna con lannis Xenakis en USA. Tras un breve período de tiempo, abandonó el conservatorio y se unió a LaMonte Young, maestro de música experimental, participando en el proyecto Dream Syndicate, documentado por un álbum (edición privada, con una tirada de 98 copias). El instrumento preferido de John es la viola eléctrica. A pesar del fracaso de ‘The ostrich’, Reed y Cale no se desanimaron. Capitanearon una sucesión de grupos (Warlocks, Falling Spikes) hasta la constitución, en 1965, de The Velvet Underground, nombre tomado del título de un libro de contenido erótico. La formación original estaba compuesta por Lou (voz, guitarra solista), John (viola eléctrica, piano, bajo), Sterling Morrison (guitarra rítmica, bajo) y Angus MacLise (percusiones); este último fue sustituido en seguida por Maureen “Mo” Tucker, una veinteañera de Nueva Jersey sin ninguna preparación musical pero propietaria de una furgoneta.

Desde sus primeros conciertos, el cuarteto atrajo la atención de la comunidad artística de Nueva York, en particular de Andy Warhol que era la figura más sobresaliente. Además de componer bandas sonoras para películas y otros proyectos multimedia de Warhol, el grupo apareció en una película underground que tomó el título de un tema suyo, ‘Venus in furs’. Mientras tanto entró en la Velvet Nico (cuyo verdadero nombre era Christa Paffgen, nacida en Colonia en 1938), una fascinante modelo alemana presentada a Warhol por Bob Dylan: Reed compuso para ella algunos temas de fuerte impacto, como ‘Femme Fatal’y’AII tomorrow’s parties’. Nico tenía a sus espaldas una experiencia cosmopolita: educada en Francia e Italia, conocía cinco lenguas; jovencísima, había tenido un papel insignificante en la obra maestra de Fellini ‘La dolce vita’. Convertidos temporalmente en un quinteto, con la presencia escénica, al mismo tiempo inquietante y atrayente, de la voz profunda y destacada de Nico, The Velvet Underground realizaron una gira a través de Estados Unidos con el show “Exploding Plastic Inevitable”, espectáculo multimedia de Warhol, y grabaron, en un sólo día, su primer álbum. Las cintas estuvieron guardadas durante meses, hasta que Verve publicó ‘The Velvet Underground and Nico’ a principios de 1967: a pesar de llegar sólo hasta el número 103 de las listas de éxitos estadounidenses el disco quedó incluido entre las obras maestras de los años sesenta. Era el año de ‘Sgt Pepper’ de The Beatles, el año del “flower power” y de la psicodelia.

El grupo neoyorquino reflejaba esos tiempos en ciertas soluciones instrumentales, cercanas al raga-rock o al experimentalismo, pero su imagen iba a contracorriente: nada de amor universal, de expansión de la consciencia, de “flotar”, sino perversidad, desesperación y muerte; su sonido es agresivo, distorsiones y ruidos desgarradores. El disco figura como un producto de Andy Warhol, quien no tuvo nada que ver con la parte musical pero colocó en la portada un plátano y su nombre. Tras la engañosa delicadeza de la “balada” de apertura, ‘Sunday morning’, producida por Tom Wilson, la excepcional ‘l’m waiting for the man’ refleja con las agonías de un drogadicto con brutal realismo. Nico es secundada por Lou en ‘Femme fatale’ y ‘Venus in furs’, dos temas dedicados a morbosas figuras femeninas, el segundo con explícitas alusiones sadomasoquistas. El corte blues de ‘Run run run’ conduce a través de ambientes equívocos de marginación urbana, hasta que el gentil pesimismo de ‘All tomorrows parties’ concede un poco de aliento. Pero la segunda cara ataca sin contemplaciones, con los siete minutos de ‘Heroin’, la más célebre y más ambigua canción sobre la droga: con pasmoso dramatismo Reed sigue a su personaje a través de la alegría, el éxtasis y el sufrimiento. Bienvenida, pues, la relativa tranquilidad de ‘There she goes again’ y de ‘I’ll be your mirror’, en la cual Nico expone la filosofía de Warhol vista a través del prisma de Lou.

Este último protagoniza los dos temas finales, ‘Black angel’s death song’ y ‘European son’, donde el grupo se desata en estimulantes cacofonías mientras el cantante se pierde en un interminable dylanismo. Estilísticamente, el primer álbum de The Velvet Underground presenta algunas lagunas, y la instrumentación no es impecable: pero la atmósfera general, las composiciones de Reed, la voz de Nico y la excéntrica viola de Cale le confieren una fascinación que a finales de los años ochenta aún sigue intacta. Nico, que mientras tanto había aparecido en la película de Warhol ‘Chelsea Girl’ abandonó el grupo e inició una carrera en solitario. El grupo, sintiéndose en este momento libre de cualquier consideración de carácter comercial, grabó en una única sesión el segundo álbum, considerado el más tenebroso y experimental y, por consiguiente, el menos accesible. ‘White light / White heat’ marca la completa ruptura con los mitos hippies. La instrumentación no hace la más mínima concesión a la apacibilidad, los textos describen situaciones de pesadilla. Ya desde el desdeñoso tema inicial, el que da título al disco, se advierte la originalidad de la concepción y la indiferencia hacia las reglas preestablecidas. Otros temas altamente representativos son ‘Lady Godiva’s operation’, con su helada cirugía, y, como cierre, la impresionante ‘Sister Ray’, apoteosis infernal, interminable sucesión de sonoridades ásperas y desordenadas, con letras alucinantes que conjuran visiones a lo William Burroughs; un concentrado de las depravaciones de Nueva York, entonces probablemente semejantes a las de hoy.

‘The gift’ es un tema anómalo, donde Cale narra una horrorosa historieta. Aunque el álbum peca de autocomplacencia, su histérica energía, lo destaca de la gran mayoría de los discos rock de la época. El éxito comercial, naturalmente, fue nulo. John Cale dejó la formación para seguir con sus experimentaciones y en el tercer álbum del grupo, ‘The Velvet Underground’ (1969), encontramos en su puesto a Doug Yule (bajo, guitarra, teclados). Debido a esta sustitución y al efecto catártico provocado por la exasperación alcanzada en el disco anterior, la Velvet Underground evolucionan, proponiendo una selección de canciones relajadas y creadas con esmero. Sólo el tema ‘The murder mystery’, cantado a varias voces, es una excepción, pero sigue estando muy lejos de la crudeza del material de los primeros dos álbumes. Para los fans hardcore de la banda, el período verdaderamente significativo se cerró con el abandono de Cale; pero la crítica estadounidense y británica ha revalorizado en parte las siguientes grabaciones. ‘The Velvet Underground’, en efecto, ofrece algunas auténticas joyas. ‘Pale blue eyes’ es una estupenda canción de amor, ‘l’m set free’ y ‘Beginning to see the light’ mezclan optimismo y autoironía, mientras que algunos motivos interesantes, bajo el lema de la simplicidad y la delicadeza, aparecen en ‘What goes on?’, ‘Candy says’, ‘Jesus’ y ‘Some kinda love’.

De estas grabaciones aflora un aspecto raramente expresado por Lou Reed en su carrera, su capacidad para componer material tierno y suave; profundizando en los textos se descubre un tema apenas insinuado en los trabajos anteriores: la aspiración a la inocencia y a la libertad espiritual. El disco termina con un tema curioso, ‘Afterhours’, en el que unos primorosos arreglos jazzísticos acompañan la voz de Maureen Tucker, ora ingenua ora intencionadamente grotesca. Sobre ‘Loaded’ (1970), último álbum de estudio de The Velvet Underground, Reed ha hablado posteriormente con evidente fastidio, al límite del rechazo: parece que las cintas fueron cortadas y remezcladas tras el abandono del grupo por parte del cantante y compositor, presentado en la portada como un simple colaborador cuando en realidad había escrito todos los temas. Considerado por la crítica como un producto decepcionante (están ausentes los rasgos distintivos, en términos de originalidad y riesgo, de los otros discos), ‘Loaded’ puede ser revisado con más benevolencia. En él, el grupo intentó un acercamiento a las estructuras fundamentales del rock’n’roll, revitalizándolas alegremente y mezclando en las letras la vida urbana y las fantasías sentimentales. Ciertamente, si su intención era crear un disco comercial, Reed llegó muy cerca del objetivo. Planteado con solidez e interpretado con una desacostumbrada limpieza y profesionalismo, el repertorio incluye dos temas convertidos en clásicos, ‘Sweet Jane’ y ‘Rock and roll’, y algunos episodios estimulantes, como ‘I found a reason’, donde surgen al mismo tiempo un tributo al doo-wop de los años cincuenta y una anticipación del hard-rock de los setenta. Por el contrario, otros temas resultan llenos de banalidades.

En agosto de 1970, poco después de una serie de conciertos en el Max’s Kansas City y un mes antes de la publicación de ‘Loaded’, Lou abandonó la formación. Uno por uno, también se habían marchado Sterling Morrison y Mo Tucker, y la banda, guiada por Doug Yule, dejaría de existir definitivamente en 1973, tras realizar algunas giras en medio de la indiferencia general y publicar un álbum de sabor country, ‘Squeeze’ (1972).

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